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Un paseo a prueba de ruedas

Un paseo a prueba de ruedas

By In Sin categoría On 31 agosto, 2014


Los jerezanos Francisco Zuasti y Débora Espinel han puesto en marcha unas jornadas para concienciar sobre lo difícil que es para las personas con movilidad reducida transitar por la ciudad

FABIOLA NAVAS JEREZ | ACTUALIZADO 23.08.2014 – 01:00

Cada día, al salir de sus casas, los jerezanos Débora Espinel y Francisco Zuasti calientan motores. En sus casos son los brazos. Fuertes y curtidos de destreza a la hora de superar, con sus sillas de ruedas, los obstáculos viales que marcan la rutina. Ambos han aprendido con las manos que, para ser independientes, hay que rodar. Rodar mucho y no tener miedo a salir a la calle sobre dos ruedas. 

Jerez, y en concreto, el casco histórico, está repleto de barreras que pasan desapercibidas para cualquier viandante. Pero estas complicaciones se acentúan si el paseo es en una silla de ruedas. La estrechez del acerado de la cuesta del Arroyo, la ausencia de ascensores en cualquier instalación pública antigua, los indómitos adoquines de la calle Cañete del Pinar -que une la plaza de La Yerba con Plateros-; los escalones de infarto en muchos pasos de cebra e incluso la recién arreglada calle Larga, son algunos de los quebraderos de cabeza de muchos de estos afectados. “Todos estos desperfectos hacen que no tengamos equilibrio, que podamos tropezar y caer al suelo sin que podamos levantarnos nosotros solos”. Pero, según Zuasti, lo peor no es el centro, sino las barriadas. “Hay muchísima gente discapacitada que no sale de su casa porque tiene miedo de no poder resolver los problemas”. Precisamente, para alertar sobre estos obstáculos, estos dos jerezanos han puesto en marcha la primera jornada llamada ‘Conciencia’. 

Buscaron un recorrido por el centro donde pusieron a prueba a tres empresarios, con el fin de que vivieran lo mismo que una persona discapacitada cuando pasea por la ciudad. “Tuvieron bastantes problemas a la hora de transitar con las sillas. Necesitaron la ayuda de las hermanas de Débora, que nos acompañaron durante la actividad. Acabaron muy cansados y admitiendo que estas dificultades no se reconocen cuando se va a pie”, explica Francisco Zuasti. De esta iniciativa ha salido un vídeo que se encargarán de difundir por los medios en menos de dos semanas. “Si tiene aceptación no dudamos en volver a repetir la actividad”, añade el jerezano. 

La historia de Zuasti es la de un accidente laboral hace siete años que le dejó postrado de por vida con un 92% de discapacidad. Por ello recibe una pensión, la gratuidad de la silla de ruedas y otras necesidades. 

No ha sido así en el caso de Débora Espinel. Esta joven jerezana de 33 años lleva sólo dos en una silla de ruedas por un fallo en una operación de médula. “Yo no recibo pensión y tengo que pagar la silla, que es carísima”. Aunque es veterinaria, trabaja en una empresa de marketing y asegura que “todo lo que hay montado alrededor de la discapacidad es un negocio”, explica la jerezana. 

Ambos lamentan que son muchas las instalaciones de la ciudad que no están acondicionadas para las personas de movilidad reducida. “Empezando por los baños de los bares, que usan como almacén. Cualquier servicio, si tiene una barra lo dan por válido y eso no es así”, explica el jerezano. Además, según Espinel, tampoco es cierto el acondicionamiento del que presumen ciertos cines. “Si vas a ver una película te ponen en la primera fila y tienes que estar dos horas con el cuello para arriba”, lamenta la joven. 

Por otro lado, y según los jerezanos, son muchos los ciudadanos que no respetan los aparcamientos. “Hay veces me he encontrado con personas que conducen un coche para discapacitados, aparcan en el sitio reservado y resultan ser un familiar. También coincido con muchos que no respetan el espacio que necesitamos para montarnos a nuestro coche. Si tenemos un sitio tan grande es porque lo necesitamos para la silla de ruedas”, aclara la joven. Asimismo, Zuasti asegura no haberse montado nunca en un autobús urbano de la ciudad desde que se accidentó porque, “las rampas no suelen funcionar o son demasiado empinadas”. En cuanto al sector del taxi, Espinel lamenta que sólo sean cuatro los vehículos adaptados para discapacitados en Jerez. “Si tengo que coger un taxi, intento montarme en uno normal porque los acondicionados cobran más”. 

Un siete es la nota que, tanto Espinel como Zuasti, dan a la ciudad en cuando a facilidades para transitar en silla de ruedas. Al fin y al cabo, un notable. “Es cierto que hay ciudades mucho peores, como por ejemplo Madrid”, explica Débora Espinel. “Con esta jornada no pretendemos que se pongan multas a las cosas que estén mal hechas, sino que lo próximo que se haga, se haga bien”, aclaran ambos. “Queremos que la gente discapacitada salga sin miedos”.

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