Menu
Cosas que nadie te trae

Cosas que nadie te trae

By In Sin categoría On 2 enero, 2018


Hubo un tiempo en que escribías cartas como si el boli fuera una varita mágica y el papel, una chistera. Primero ponías la palabra queridos, añadías un poco después que te habías portado bien y, ale hop, allí empezaban la taquicardia y la fiebre.

En aquellos años de EGB y pantalón corto todos pedíamos más o menos lo mismo: el risk o el cluedo, el barco pirata de los Playmobil que no te traían porque era caro y el balón que sí por todo lo contrario. Todos pedíamos lo mismo, decía, menos Carlitos, que iba por libre y al final de la carta siempre añadía: “Y que mi madre se ponga buena”.

El caso es que a Carlitos le traían de todo. Hasta lo que no pedía. Todo menos una cosa. No había tío con más suerte, decíamos. Luego sabríamos que ni con menos.

Cuando pasa el tiempo y uno empieza a pedirse un jersey para Reyes, o una cartera, o una bufanda, es que ya ha tirado la toalla y no espera nada de estas fechas. Cuando uno hacía lo que Carlitos es que lo esperaba todo.

Creo que fue de los primeros que destapó el pastel. Un día se terminaron las vacaciones de Navidad y Carlitos no apareció. Ni ese día. Ni al siguiente. Cuando al cabo de una semana regresó a clase, despotricó de los Reyes. Entonces supimos lo que había pasado con su madre tal día como hoy.

(…)

Somos lo que soñamos, pero somos sobre todo lo que no tenemos. Somos lo que envolvemos, pero somos mucho más lo que ansiamos desenvolver, esos papeles rasgados de colores: eso que nos falta para sentirnos plenos (no hablo de cosas) y nunca llega.

Hace bien poco, Jennifer Pérez también escribió una carta como si el boli fuera una varita mágica y el papel, una chistera. La terminó, la mandó a la mayor plataforma de peticiones online del mundo, esperó respuesta y más de 140.000 personas apoyaron su denuncia.

Su hermana Miriam tenía un 91% de discapacidad por culpa de un error médico en el nacimiento. Desde los 15 años cobraba una pensión. Ahora el Gobierno de Murcia se la retiraba porque su familia superaba la horquilla de ingresos. Y les reclamaban 11.798,75 euros que no tenían. Ella pedía que rectificaran. Entonces Jennifer decidió mandar su carta. Ya saben, primero puso la palabra queridos, añadió un poco después que su hermana se había portado bien y, ale hop, allí empezaron la taquicardia y la fiebre.

Taquicardia. Fiebre. Y también tacto de adobe. Miriam no duró demasiado. Murió el pasado 25 de diciembre en el Hospital de Santa Lucía de Cartagena por un fallo multiorgánico. Ella no hablaba. Ni escribía. Esta carta era para ella.


Leave a comment