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Tana Hernández vuelve a la calle

Tana Hernández vuelve a la calle

By In Sin categoría On 19 enero, 2018


El joven de Arrecife, que sufre una tetraplejia desde 2010 tras un accidente en el mar, sigue impaciente las obras del elevador eléctrico para poder salir de su casa

Aránzazu Fernández 19.01.2018 | 12:35

Tana Hernández vuelve a la calle

Tana Hernández vuelve a la calle

El joven de Arrecife Tanausú Hernández Domínguez (Tana), de 27 años, cuenta los días y las horas para salir de su casa con regularidad. Tana lleva siete años con tetraplejia acostado en una cama y en todo este tiempo ha visitado la calle en muy contadas ocasiones con la ayuda de sus padres, Pedro Manuel Hernández e Irene Domínguez, sus hermanos, Pedro Manuel e Isabel Noemi, amigos o de los bomberos del Consorcio de Seguridad y Emergencias de Lanzarote cuando tiene que acudir a un centro santario. Vive desde 1995 en una segunda planta en la vivienda de sus padres en uno de los bloques sociales del barrio de Valterra (Arrecife) en un edificio sin ascensor. La última vez que pisó el asfalto en su silla de ruedas eléctrica fue el pasado sábado tras casi seis meses sin hacerlo.

El martes de esta semana comenzaron, al fin, las obras del elevador eléctrico que le permitirán acceder a la vía pública en su silla tras años de tropiezos burocráticos en las ayudas y vecinales y dificultades de encontrar disponible un inmueble adaptado a sus necesidades, sin barreras arquitectónicas. “Ha sido como un regalo de Reyes atrasado”, afirmó ayer Tana contento. “A ver cuando lo ponen ya para salir. Lo único que puedo hacer es estar aquí en mi casa con el teléfono móvil, ver la televisión o en la terraza cuando mi hermano me ayuda”. Su discapacidad está catalogada como de Gran Dependencia en Grado III. Le tienen que dar de comer, asearlo y asistirlo para que haga sus necesidades.

A Tana no le falta sentido del humor. “Cuando la obra esté terminada me van a tener que amarrar con una cadena a la silla para que no me vaya de mi casa”. Una de sus ilusiones es poder ir a los carnavales de Arrecife, como las actuaciones de las murgas en el parque de su barriada. “Voy a disfrazar hasta la silla”, comentó jocoso.

La ola de la desgracia

El 13 de agosto de 2010 es una fecha que no olvidará en su vida. Sufrió un accidente cuando se bañaba en la playa de El Jablillo, en Costa Teguise, junto a unos amigos. “Vino una ola, pensé que había más agua y me tiré. Partí médula y disco”, recordó desde su habitación en la que hace su vida. Desde entonces la existencia de este chico, practicante asiduo de lucha canaria y kick boxing, cambió de forma radical. Tras el percance lo evacuaron al Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Juan Negrín, donde le operaron el cuello y le pusieron una placa. También le intervinieron el brazo izquierdo y espera lo mismo en el otro.

Pese a las dificultades Tana y su familia no se han rendido en todo este tiempo. El ánimo y la fuerza de voluntad en esta incansable lucha son su medicina. “Le pedimos al Ayuntamiento de Arrecife que nos ayudara a encontrar una casa terrera, pero no fue posible porque nos decían que no había ninguna disponible, ya que estaban ocupadas y tenía que esperar como tres años, u otra manera de que él pudiera subir o bajar. Mi hijo ha ganado mucho peso en estos años al no poder moverse. Bajarlo por las escaleras es más fácil, pero subirlo es más complicado. Mi hijo Pedro Manuel padece de dos hernias discales y no puede cargar con el hermano él solo. Además, los chicos de la ambulancia tampoco pueden con Tana, por lo que tenemos que llamar a los bomberos”.

A los problemas para disponer de una casa adaptada, se sumó el hecho de que “la vecina no quiso firmarnos para poder instalar en su pared los carriles que llevaba el elevador, por lo que tuvimos que volver a tramitar la subvención en 2016 y buscar otra solución, que es mejor, con otro tipo de elevador que no toca para nada su pared”, explicó Irene.

La mujer está “muy agradecida” a la concejala del grupo Ganemos en el Ayuntamiento de Arrecife, en la oposición, Leticia Padilla, que la ha acompañado de manera firme en el arduo camino de gestiones administrativas. “Desde que la llamamos para el caso de mi hijo se ha volcado con nosotros”, destacó Irene. “Nunca podré pagarle lo que ha hecho por nosotros”, manifestó.

La primera opción que se barajó para la instalación estaba valorada en poco más de 11.000 euros, una cantidad que se ha duplicado hasta los 23.000 euros (solo 17.000 euros son del elevador, sin contar la obra) con la alternativa elegida finalmente, por lo que Irene tuvo que ampliar la cantidad económica solicitada a las administraciones. El consistorio capitalino (2.999 euros), el Gobierno de Canarias (unos 8.000 euros) y el Cabildo de Lanzarote (12.200 euros) aportan subvenciones para financiar la adquisición del elevador y los trabajos que lleva consigo.

Tana quiere estudiar diseño gráfico y hacer “bastante ejercicio, que me hace falta”. El muchacho lleva unos dos años y medio sin recibir rehabilitación debido a los inconvenientes de trasladarlo hasta la consulta.

“Nos volvieron a reactivar la rehabilitación desde abril del pasado año y les di la opción de que me trajeran una rehabilitadora para atenderlo en casa, pero me dicen que no tienen fisioterapeutas para mandarme. Antes sí lo hacían”, lamentó Irene.

Hace dos años le cancelaron una operación porque “no tenía fuerza en el antebrazo, en lo que ha influido la falta de rehabilitación. El brazo se le engomó y la única solución es operarle el bíceps y el tríceps para poderlo estirar. Le hicieron una resonancia a ver si tenía un quiste en la médula, pero gracias a Dios no le salió nada”, recordó la progenitora de Tata.

Las arquitectas Helga Garcés y Montse Garcés, de Sal Studio Arquitectura Lanzarote, son las encargadas de la obra, vital para que Tana regrese a la calle.


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