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El poder de hablar sin voz

El poder de hablar sin voz

By In Sin categoría On 4 marzo, 2018


Vanessa Escudero, la primera persona con parálisis cerebral en integrarse en un colegio público en A Coruña, dice que «sin un comunicador no habría podido estudiar»

 

El poder de hablar sin vozMARCOS MÍGUEZ
MARÍA CEDRÓN 
REDACCIÓN / LA VOZ 

«¡Hola mamá!». El mensaje de texto puede leerse en la pantalla del smartphone de Carmen Muñiz. Ella es la madre. Vanessa Escudero Muñiz es la hija. No puede hablar. Sufre una parálisis cerebral. «Fue la primera alumna con ese problema en integrarse en un colegio público en A Coruña», cuenta Carmen. Pudo hacerlo porque ella se empeñó hace ahora treinta años. Vanessa tiene ya 36. No usa la voz, pero utiliza los ojos, la sonrisa y la mente. Su rostro desborda alegría y nervios. Quizá porque hoy pone cara a todas esas personas que han de recurrir a algún sistema de comunicación aumentativa y alternativa para hacerse entender y, sobre todo, para no quedarse aisladas del mundo.

A todos ellos está dedicado este año el Día de la Logopedia, que se celebra el martes. Porque, como dice la especialista en pacientes neuronales, Susana González Fernández, «hay más modelos de comunicarse que usando el lenguaje oral».

Vanessa escribe lo que piensa y quiere compartir en una tableta que lleva acoplada en la parte delantera de su silla. Usa un puntero, un pequeño aparato circular que lleva adherido en la frente a modo de ese tercer ojo, el de la sabiduría, que llevan los hindúes pegado en ese mismo lugar. Con él va marcando las teclas. Porque no puede usar la voz, ni mover más que la cabeza, pero puede hablar por medio de ese comunicador, el GIRD2, capaz de transformar lo que escribe en palabras. «Sin un comunicador nunca habría podido estudiar, ni ir a comprar el pan, ni hablar contigo», dice. Habla despacio, el tiempo de escribir lo que un altavoz transforma luego en voz.

Hace cuatro años que empezó a usar ese comunicador cefálico. Antes usaba Bliss, un prototipo de libre uso que utiliza modelos geométricos o segmentos de triángulos, cuadrados… «Comenzó a usar el Bliss cuando tenía unos cinco años. Hace unos cuatro cambió al GIRD2, lo que supone un gran avance», cuenta Carmen. Porque cuando quiere Vanessa convierte lo que escribe en voz. No tiene problema en comunicarse con nadie, ni en salir a comprar.

A ella, dice Carmen, el nuevo aparato se lo ha pagado el Imserso, pero no todo el mundo puede acceder a él«porque lo que cubren en Galicia es el Bliss». Pero no todos los comunicadores valen para todo el mundo. «Antes probó uno que podía manejarse con los ojos. No le iba bien porque se cansaba», explica Carmen. Porque, como apunta Susana, para manejar uno de estos aparatos hay que entrenar. Por eso, sugiere que, antes de comprarlos, los fabricantes deberían dejarlos unos días a prueba para ver cuál se adapta mejor a cada paciente.

Vanessa ha hecho un máster. Cuando sale a la calle le gusta pisar a fondo. Va más despacio cuando la acompaña Ángeles, una de sus cuidadoras. Leticia es la suplente. Ambas comparten con Carmen la atención de Vanessa porque sus problemas de movilidad no le permiten vivir sola. Pero le gusta tener algún momento de soledad. Bajar a comprar el pan e intercambiar miradas, sonrisas. Ayer lo hizo con otra Vanesa, la dependienta de la panadería del barrio. Nuestra Vanessa, con doble s, detiene su vehículo ante la puerta lateral del despacho de pan y su tocaya sale a preguntar. Ella maneja el puntero, escribe y una voz grabada pide el pan. Su tocaya le abre el bolso y coge el dinero de la cartera después de traerle el pan. Se conocen. Se entienden.


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