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Ser mujer en este mundo

Ser mujer en este mundo

By In Sin categoría On 13 mayo, 2018


El feminismo es un movimiento global. Mientras existan países y poblaciones en los que no se respeten los derechos humanos, existirá un mundo donde las máximas afectadas seguirán siendo las mujeres. Ser mujer en un país subdesarrollado te arrastra hacia la pobreza más absoluta, hacia la explotación y la esclavización, a través de la cual serás violentada de distintas formas y a través de diversos motivos.

Lo vemos de una forma muy clara en India, donde las niñas son vendidas a un coste inferior al de los varones; no está justificado ningún tipo de compra humana pertenezcas a un sexo u a otro, pero el dato de la desvalorización de tu vida por el hecho de ser mujer es un indicador de suficiente notaría como para determinar que ser mujer tiene un coste distinto.

Los abortos elevan el costo de las niñas en India. Los 6.7 millones de abortos que se practican cada año sin el indicador de la situación que atraviesa las mujeres en algunos países en el que son consideradas una carga. Los traficantes de humanos venden a las niñas que acaban en prostíbulos y amplían su coste con los tratantes de matrimonio de convenio.

De la misma forma que hablamos de las niñas indias, no es mucho más fácil en países donde la mutilación genital femenina sigue siendo una práctica cultural que permite mutilar los genitales femeninos y privar a las mujeres de placer sexual el resto de sus vidas, por no hablar de los riesgos físicos y psicológicos que se producen ante esta aberración.

Para más de 125 millones de mujeres en el mundo sufren mutilación genital femenina, una realidad en sus vidas en la que una hoja de afeitar comprada en el mercado, un cuchillo afilado o un simple trozo de vidrio roto son suficientes. A veces, aguja e hilo, o las espinas de un arbusto silvestre. Las mujeres de la familia sujetan a la niña mientras alguien paga a la encargada de la ablación para que le inflija un dolor tan intenso que jamás lo olvidará. Si a esto además le sumamos una discapacidad, ser mujer en el mundo es un serio problema.

Sin irnos más lejos, en España casi el 80% de las mujeres con discapacidad es víctima de la violencia y tiene un riesgo cuatro veces mayor que el resto de mujeres de sufrir violencia sexual. Así como las mujeres sin discapacidad son objeto de una violencia mayoritariamente causada por su pareja o ex pareja, las mujeres con discapacidad, el 85% de las cuales vive en instituciones, están expuestas a la violencia de personas de su entorno, ya sea personal sanitario, de servicio o cuidadores.

En España, más de 3,8 millones de personas tienen alguna discapacidad. Un 58 % de éstas son mujeres que sufren, por ello, una doble discriminación que dificulta su plena participación social y la consecución de objetivos de vida considerados, por todos, como esenciales.

Por un lado, la visión de su propia discapacidad, el desconocimiento, en muchos casos, de las posibilidades que pueden tener mediante el acceso a los medios técnicos de los que disponemos hoy en día. Por otra parte, su condición de mujeres las obliga a enfrentarse al estereotipo social del rol femenino establecido, que atribuye a la mujer un papel protagonista de cuidadora, tanto de sus hijos e hijas, como de las personas dependientes, y objetos y necesidades materiales del entorno doméstico.

Como se presupone que este papel queda mermado y no lo ‘puede cumplir’ –aunque sea en algún extremo- el resultado es al final, la muy extendida idea de la desconsideración de la imagen misma de la mujer con discapacidad.

Muchos son los problemas específicos que sufren las mujeres con discapacidad, especialmente los asociados a sus dificultades para ejercer con plenitud sus derechos asociados a la maternidad y al cuidado de sus hijos, porque es mucho menos habitual que trabajen fuera de casa. Y eso las aísla en el ámbito doméstico e incrementa, además, sus posibilidades de sufrir dependencia económica y material respecto de su agresor.

En estos casos, el miedo a denunciar el abuso, por la posibilidad de la pérdida de los vínculos y la provisión de los cuidados que necesita para el desenvolvimiento de su vida diaria proporciona al violento un ámbito de impunidad que puede resultar infranqueable.

Son tantos los problemas y factores que actúan como barreras que dificultan el ejercicio de sus derechos fundamentales como personas, que no resulta posible pretender, siquiera, acotarlos en estas líneas. En el relato de situaciones personales que causan verdadero estremecimiento he descubierto en muchas mujeres que padecen alguna discapacidad un gran ánimo para luchar por vencer sus dificultades verdaderamente encomiable. Creo por todo ello que merecen un mayor apoyo del que la sociedad en general les presta para que cuanto menos dejen de ser mujeres ‘invisibles’.


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