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Javier, el primer gran dependiente que disfruta del Interrail MELISA TUYA

Javier, el primer gran dependiente que disfruta del Interrail MELISA TUYA

By In Sin categoría On 16 octubre, 2018


Javier García

 

@melisatuya 15.10.2018 – 07:10H

El zaragozano Javier García tiene 18 años y una discacidad del 97%. Logró uno de los 15.000 viajes de Interrail del programa Discover EU de la Comisión Europea y ha sido el primer y único gran dependiente en disfrutarlo. EN INGLÉS: A trip that inspires us to have no limits. EN FRANCÉS: Un voyage qui inspire à ne pas nous mettre de limites. BLOG: Las familias que viajamos con personas con discapacidad necesitamos más y mejor información. Javier en el AVE rumbo a Madrid, primera parte del viaje a Holanda. F.G. Javier tiene dieciocho años y su padre, el artista Fernando García Monzón, explica que “le gusta casi todo”, que “se acaba antes contando lo que no le gusta”. Disfruta viajando, yendo al cine, estando con gente, saliendo a bares y restaurantes, montando a caballo, nadando y esquiando, “aunque no vamos mucho porque nos supone muchísimo esfuerzo”. También bailando. “Lo tenemos que sacar de la silla de ruedas y sujetar dos personas como en un sándwich en el que él es el jamón. A la gente le llama la atención, pero para mí es normal”, cuenta Fernando, dejando claro con esa anécdota algo en lo que insiste con frecuencia, que en su familia no hay límites. Ni él ni Luisa Roco, la madre de Javier, se los han puesto jamás a su hijo. También que “nadie debería ponérselos, con o sin discapacidad, porque ya te los pondrán otras personas, la administración con sus gestiones, el entorno, etc”. En definitiva, Javier es un chico de dieciocho años con unos gustos similares a los de cualquier joven de su edad. Pero Javier tiene una parálisis cerebral severa. “La cabeza la tiene perfecta, pero tiene un 97% de discapacidad y reconocida la ayuda de una tercera persona”. Nada que le haya impedido ser el primer y único gran dependiente en lograr viajar con Interrail al obtener una de las 15.000 becas del programa Discover EU de la Comisión Europea. “Me enteré de que la Comisión había sacado un programa de Interrail para chicos de 18 años y me dije, lo voy a apuntar porque se tienen que enterar de que esta gente también le gusta hacer cosas. Pensaba que no se lo iban a dar, pero mi sorpresa fue que al cabo de un tiempo llegó un correo electrónico diciendo “Javier, has sido seleccionado, date de alta y dinos dónde quieres ir”. Evidentemente no hablaban con Javier sino con su padre, porque Javier no puede hablar y no puede manipular un ordenador”. Con ese correo y con la respuesta de Fernando pidiendo hablar con una persona en español, “porque había que ver hasta qué punto la Comisión Europea estaba dispuesta a suplir las necesidades de Javier para que pudiese ir en condiciones de igualdad”, empezó un larguísimo diálogo que duró dos meses. Un diálogo en el que la Comisión Europea “estuvo a la altura”, facilitando que Javier tuviese tres acompañantes en su periplo de una semana por Holanda, porque necesita atención constante de día y de noche. “Estaba en las mejores manos”, explica Fernando: su hermana Luisa; Anka, que es enfermera y ayuda a Javier en su día a día en casa; y Ramón, estudiante de cuarto año de Enfermería voluntario, “porque la ayuda de un hombre viene bien, por ejemplo, si hay que entrar en un baño público”.    No solo eso, también aceptaron adaptar el viaje de tal manera que tuvieran un alojamiento adecuado, en el que pudieran lavar su ropa o preparar y triturar su comida, y que la llegada a Holanda fuera en avión desde Madrid.  “Hubo otra serie de peticiones y cuando ves que las personas tienen una buena actitud, tú tienes que estar también a la altura”. Una semana en Holanda ¿Por qué Holanda?. “Bueno, yo en aquel momento no pensaba que iba a ir a ningún lado”, reconoce Fernando, “pero me dije vamos a poner las cosas fáciles. Holanda es un país plano, que en cuestión de silla de ruedas manual es importante, y es pequeño, lo que permite establecer la base en un sitio y hacer viajes de ida y vuelta en un día”. Dentro de Holanda se desplazaron sin parar. Estuvieron de domingo a domingo, y solo el primer y el último día (lunes y sábado) los dedicaron a visitar Amsterdam. El resto del tiempo viajaron en tren por el país, en ocasiones parando en dos destinos en un mismo día:  Utrecht, Volendam, Marken, Gouda, Alkmaar, Zaanse Schans, Giethoorn, etc.   “Javier es una persona que tiene muchísimas ganas por romper barreras y viajar. Y tiene energía para él y para todos los demás”, cuenta Ramón García Cebrián, que ya había trabajado con gente con las capacidades de Javier, pero que “jamás había pasado las 24 horas del día con uno de ellos”. “Tienes que pensarlo casi todo, tener todo planeado, llevar de todo en la mochila y tienes que saber reaccionar bastante rápido y estar muy atento, por ti y por él. Si tú y yo vamos de viaje y pierdes un tren, puedes ir corriendo o buscar otra ruta pero con Javier no es tan fácil”, explica Ramón. La mayor dificultad la encontraron en los centros de todas las ciudades: “se intenta mantener el casco histórico, está todo adoquinado, las aceras son muy estrechas y no están en muy buen estado”. Podría parecer que la elección también vendría de la mano de buscar un lugar accesible, pero tras pasar allí una semana no han vuelto con la impresión de que lo fuera tanto. “En todo el viaje no se encontraron a nadie en circunstancias parecidas”, apunta Fernando. “En España sí los ves. No sé si es por el clima, si porque en España se ha avanzado mucho aunque aún falte. Pero en ese país no se encontraron a nadie. Vieron a discapacitados, por supuesto, pero no un gran dependiente”. “Siempre piensas que España está mucho peor. Nosotros también pensábamos que iba a estar más accesible. Se ha avanzado muchísimo, pero veo que queda mucho por hacer. Sobre todo por tomar conciencia de la gente que tiene negocios propios”, cuenta Ramón. Un ejemplo de a lo que se refiere con esa última reivindicación: “En Volendam, que es un pueblo costero, nos costó muchísimo encontrar un restaurante para poder comer con él. Los requisitos básicos son baño accesible y que nos puedan preparar la comida triturada. Y allí el 98% de los restaurantes tenían los baños arriba o abajo. Es decir, con escaleras. Preguntabas por uno y la gente no sabía responderte, porque tampoco habían pensado en eso. Incluso en los sitios accesibles, el baño estaba al mismo nivel de la entrada y muchas veces las sillas y mesas estaban súper apretadas y la silla no pasaba”. Los trenes tampoco estaban bien adaptados. “Muchas veces en los trenes teníamos que dejar la silla a un lado y viajar con Javier en brazos. Muchos trenes eran de dos pisos y había que cogerle y bajar con él”. En los trenes precisamente se encontraron con la peor experiencia, “en general la gente es muy amable y siempre te dejaba pasar y muchos incluso se ofrecían a ayudarte, pero sí que hemos tenido algún encontronazo. Hubo una ocasión en la que llegamos a la estación central de Amsterdam y en la plataforma los dos ascensores no funcionaban. Tuve que bajar por las escaleras al puesto de información dónde no me supieron resolver y tuvimos que esperar más de lo debido para poder llegar a nuestro destino. Una vez allí, fui al puesto de atención al cliente para pedir que me facilitaran una hoja de reclamaciones y una empleada se rio a carcajadas. Quiero entender que fue por culpa del idioma, pero ella hablaba perfecto inglés y yo casi también. Le dije que era una falta de respeto y nos fuimos”. Para compensar, también tuvieron la experiencia contraria. “Otro día distinto que el ascensor no funcionaba, nos encontramos con un empleado de la estación que no era de información, no sé cual era su función, pero dejó lo que estaba haciendo.  Nos recorrimos media estación con él, nos ayudó un montón, también a subir la silla con Javier. Javier se quiso hacer una foto con él y tenemos una foto muy chula de recuerdo”. ¿Cómo se comunicaban con Javier, dado que no es capaz de articular palabra? “Javier no habla, pero sí que te entiende a la perfección es tan inteligente o incluso más que cualquiera de nosotros”, recalca Ramón. “Controla todo. Tarda el tren cinco minutos más y ya te está llamando la atención. Él llama tu atención y entonces tú tienes que formular las preguntas adecuadas, de forma que te pueda decir “sí” o “no”; o plantear opciones. Por ejemplo, dices, si quieres A mira para arriba y si quieres B mira para abajo. Eso sí puede hacerlo”. A Ramón la experiencia, que califica de “agotadora y enriquecedora”, le ha abierto mucho los ojos.  “Ahora veo las ciudades, los medios de transporte, cualquier sitio que quieras visitar de una forma totalmente distinta”. Para Ramón la trascendencia que tiene este viaje es “abrir los ojos a la gente que no está familiarizada con este tipo de personas, que no ha tenido contacto con ellas o ni siquiera ha pensado en ellas, para que se den cuenta que también quieren viajar y tienen derecho a viajar como cualquiera de nosotros, para que vean las dificultades que tienen por si pueden ayudar. Y concienciar a los gobiernos, a las instituciones, a los que se hacen cargo del mantenimiento de las ciudades… para que hagan la accesibilidad posible”. Por eso también fueron contando el viaje desde una cuenta en Instagram. “Teníamos la obligación de documentarlo día a día para que la gente viera lo que es. Y también para informar a amigos de Javier con las mismas dificultades, mostrarles lo que pueden hacer y, si les apetece viajar a Holanda, qué sitios pueden visitar y cuáles mejor no”.

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