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Madres y padres en silla de ruedas

Madres y padres en silla de ruedas

By In Sin categoría On 5 febrero, 2015



 

 

La mayoría de padres y madres con discapacidad coinciden en reconocer que en el momento en que decidieron tener hijos se plantearon si el hecho de ir en silla de ruedas les permitiría ser autónomos para atenderles durante los primeros años o cómo superarían ciertos obstáculos naturales de la lesión que padecen. Sin embargo, estas pequeñas dudas no fueron determinantes a la hora de tomar la decisión ya por encima siempre estuvieron las ganas de ser padres.
Es cierto, sin embargo, que «en algún momento puntual he necesitado apoyo«, reconoce Iñaki (padre de Jon, de ocho años). Del mismo modo, Pepa (madre de una niña de tres años y otra de seis meses) nos cuenta que «se necesita ayuda de otras personas en ciertos momentos, como cuando mi niña comenzó a andar y los vecinos de mi comunidad la ayudaban a dar sus primeros pasitos porque a mí me resultaba difícil«. Javier (padre de dos mellizos de seis años), en cambio, dice que hace «casi todo igual que una persona sin discapacidad, excepto algunos deportes físicos, claro«.
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Otro aspecto importante en cualquier pareja, no solamente aquellas con uno de los miembros usuario de silla de ruedas, es cómo se reparten las tareas. Kity y Joan (padres de dos niños de cuatro y cinco meses respectivamente) delegan en sus parejas la mayoría de tareas relacionadas con el niño mientras que ellos ayudan con las tareas del hogar. Javier, por su parte, gestiona las noches y el fin de semana de sus mellizos, mientras que Pepa se ocupa de sus niñas con la ayuda de una asistenta a media jornada y de su pareja.
Finalmente, Iñaki se ocupa de la mayoría de tareas de su hijo ya que su mujer pasa más horas fuera de casa. Lo que se le hace más complicado es «ponerle límites«. Sin embargo, llevarlo al cole, ayudarle con los deberes, acompañarle a los partidos de fútbol y, sobre todo, «responder a las miles de preguntas que Jon empieza a hacerme es de las cosas que más me gustan.» Y para ello lleva siempre consigo el Batec. «Jon lo llama cariñosamente «Batetxu» (batecito) y siempre que salimos me recuerda que tengo que llevarlo. Le encanta subirse en mis piernas. Incluso a sus amigos que cuando nos ven pasar también se quieren montar. Además, gracias alBatec puedo acompañarle a él, a sus amigos y a los demás padres en los paseos en bici. Cuando me enfado con Jon, el peor castigo es que le diga: «no te voy a llevar en Batetxu»«.
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A Joan le encanta tener en brazos a su hijo y hacerle reír pero sobretodo le divierte mucho el momento de bañarlo. Para Kity, el mejor momento es darle el biberón y ver como se queda dormido en su regazo. ¡O incluso, cambiarle los pañales! En el caso de Javier, «Lo que más me gusta es el sábado y el domingo por la mañana cuando se levantan y vienen a la cama a ver dibujos. Y lo que menos, cuando estoy muy cansado y ellos siguen con las pilas cargadas. Especialmente cuando no me dejan hacer la siesta durante el fin de semana…«
Javier nos cuenta cómo le gusta cuándo «se levantan el domingo por la mañana y vienen a la cama a ver dibujos«. También acompañarles en Batec cuando van en bici o en patines. Ellos también disfrutan subiendo encima de su padre e incluso «me piden conducir el Batec«. A Pepa le encanta acompañar a Adela al cole y Joan pasea a su bebé en el cochecito desde su silla de ruedas y con el Batec. «Las miradas de la gente cuando nos ven, no tienen precio«.
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De hecho, Ana reconoce que «el Batec me fue de gran ayuda durante los primeros meses porque me permitió llevar a mi hijo y tener una mano libre para estar pendiente de él. Más tarde, me ha permitido hacer desplazamientos largos evitando coger el coche«. En cuanto a Kitty afirma que para él la principal función delBatec es «quitarle trabajo a mi mujer. En pendientes pronunciadas o terrenos poco uniformes así como para darme más seguridad cuando llevo a Fran conmigo en la mochila. Además sé que en futuro podré seguir a mi hijo por el parque con la silla de ruedas y el Batec«.
No podíamos finalizar el artículo sin compartir algunos consejos para personas con discapacidad que se planteen ser padres: «Que se arriesguen, que los niños son listos y se adaptan a cada situación y aportan muchísimas cosas a tu vida«. Y es que «ser padre no tiene precio: siempre compensa«.


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