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ENTREVISTA “EL MOVIMIENTO DE LA MUJER CON DISCAPACIDAD ESTÁ EN SUS ALBORES Y TODO LO QUE VENGA SERÁ BIENVENIDO, VÁLIDO Y PODRÁ FUNCIONAR”

ENTREVISTA “EL MOVIMIENTO DE LA MUJER CON DISCAPACIDAD ESTÁ EN SUS ALBORES Y TODO LO QUE VENGA SERÁ BIENVENIDO, VÁLIDO Y PODRÁ FUNCIONAR”

By In Sin categoría On 22 febrero, 2015


 

– Roser Romero, presidenta de Confederación Estatal de Mujeres con Discapacidad (Cemudis) . Estamos ante otra mujer que no deja indiferente. De esas que se ama o se odia, y que ha sido capaz de superar la timidez por su afán de discutir con los políticos, por la necesidad de defender los derechos de las personas con discapacidad. Es Roser Romero, una histórica de este empeño, hoy en calidad de presidenta de Cemudis.
Cuenta que a la junta directiva de la confederación le faltan recursos para acometer mayores objetivos, como el de dotar de mayor vida al movimiento asociativo de la mujer con discapacidad, que está en sus “albores”. Enormemente satisfecha de que Cemudis no haya tenido que dar un paso atrás durante estos más de cuatro años de andadura, tiene claro que la confederación está siendo escuela y trampolín para dotar de mujeres con capacidades al movimiento asociativo de la mujer con discapacidad.
Antes de la creación de Confederación Estatal de Mujeres con Discapacidad (Cemudis), en 2010, sólo existían algunas organizaciones que ampararan o lucharan por los derechos y libertades de las mujeres con discapacidad específicamente : “Eran las famosas ‘Luna’ que nacieron en Andalucía: ‘Luna Huelva’, ‘Luna Almería’… y que luego se extendieron a Castilla-La Mancha y a algunas provincias más”, explica Roser Romero, presidenta de Cemudis.
“Cemudis nació con la necesidad de crear y potenciar el movimiento asociativo de las mujeres con discapacidad”, aclara desde un primer momento Romero. Resulta que ella y otras mujeres con discapacidad se dieron cuenta que existía la necesidad de crear algo que, trabajando en conjunto, diera frutos para todas las organizaciones de mujeres con discapacidad.
Hasta entonces, explica Romero, “las mujeres con discapacidad habían sido muy generosas a la hora de reivindicar junto con los hombres por el movimiento asociativo de la discapacidad, pero, una vez conseguido meter la cuña y empezar a trabajar, nos dimos cuenta de que nuestros problemas, como mujeres, no se había tratado y habían quedado en un segundo término”, critica la que también es Comisionada para la Autonomía Personal del CERMI. Una vez puestos sobre la mesa los temas de la discapacidad en general, iba siendo hora de tocar “los propios e innatos de las mujeres con discapacidad”, defiende esta mujer con discapacidad que, en un primer momento, antes de crearse la confederación, Cemunis, venía de ‘Dones no estàndars’. Además, Romero denuncia que, a día de hoy, ni siquiera todas las organizaciones de la discapacidad “se han hecho eco de ello, de los problemas de las mujeres con discapacidad”.
Y es que en su opinión, del mismo modo que hace años ella luchó como persona con discapacidad bajo el discurso de que querían ser los protagonistas de sus vidas, ella y sus compañeras de confederación apuestan por ser, como mujeres con discapacidad, las protagonistas de sus vidas y así poder explicar sus problemas y buscar soluciones. Con este espíritu nace en Sevilla hace algo más de cuatro años Cemudis y es por ello que ponen todo el énfasis en la mujer con discapacidad y no en las madres o cuidadoras, por ejemplo. Uno de los motivos que esboza Roser Romero para dirigirse sólo a ellas es que, según lo detectado en muchos de los talleres de empoderamiento realizados en todo el país, muchas mujeres con discapacidad suelen llegar con muy bajos niveles de autoestima, poca formación y, en muchos, “excesivamente protegidas por las familias”.
UN MAL QUE NOS AQUEJA
El tema de la sobreprotección, intencionadamente, Roser Romero lo hilvana con el de la violencia que, según señala, siempre solemos pensar en la violencia de género cuando “hay otro tipo de violencia”. Esta es la violencia que “difícilmente puedes llevar a un juzgado, pero que anula completamente a la persona y que hace que muchas mujeres con discapacidad no le encuentren sentido alguno a sus vidas”, esgrime. Para la secretaria de Organización de Cocemfe esta “superprotección”, que pide que se entrecomille, “priva a estas mujeres con discapacidad de cualquier tipo de libertad para salir de casa, tener amigos, relacionarse con el resto del mundo o hacer cosas que para ellas tienen sentido y las llenan”.
Pero no sólo eso, asegura esta ‘dona no estàndard’ que la superprotección la encuentran con “muchísima, muchísima frecuencia” y que, a pesar de estar muy bien cuidadas y muy bien atendidas, “les falta lo principal: la libertad”. Puntualiza Romero que “si no hay libertad difícilmente hay desarrollo personal porque necesitas nutrirte de las experiencias de otros para empezar a valorar y saber lo que se quiere. Se necesita el contacto con el exterior porque no podemos nutrirnos nosotros mismos de manera endogámica”, defiende.
Sin embargo, aunque no quiere insistir en el tema demasiado, menciona que las hijas con discapacidad son protegidas de distinta manera que al resto de los hijos y que si es buena cierta protección, “ha de haber unos límites y esos límites se sobrepasan con mucha facilidad”. Parece ser que la familia piensa que lo hacen por su bien, el de la hija con discapacidad, pero en el futuro, cuando le falten, “habrán convertido a esa persona con discapacidad en una presa fácil para terminar en una residencia porque no tendrá maneras de vivir o moverse en esta sociedad”. Y es que, aunque es el mensaje que se ha intentado dar tantas veces, pero que aún no cala en la sociedad, Roser Romero repite a propósito y para retratar esta situación que, lamentablemente, “la mujer con discapacidad es considerada la eterna niña”.
“Hay que proteger a esta eterna niña porque el mayor de los temores de una madre o de la familia al completo de una hija con discapacidad es que se quede embarazada”, desvela Roser Romero. Por eso, muchas familias evitan que salgan a la calle, que tengan amigos, que vayan a ningún sitio para que no les puedan engañar y a los nueve meses tenga un bebé. “Esta es una de las principales lacras que nos encontramos en los talleres o grupos de trabajo que realizamos en Cemudis”, comenta.
BAJO LA MUJER SIN DISCAPACIDAD
Y al hilo de este argumento resalta la activista del movimiento asociativo que si en esta sociedad más del 50 por ciento “somos mujeres y aún así se la tiene por debajo del hombre, la mujer con discapacidad aún está a un nivel muy inferior que la mujer sin discapacidad”. En este sentido, pide la comisionada de Autonomía Personal del CERMI, que el lector imagine la visión que tiene la sociedad de la mujer con discapacidad cuando ya de la mujer sin ella tiene una visión muy sesgada. “La mujer con discapacidad es la eterna niña”, repite y trae a colación una de esas 400.000 anécdotas que comparten las mujeres con discapacidad como ella y que dice que le pasó hace muy poco. “He estado haciendo de canguro de un perrillo todos estos días y raro ha sido el día que alguien no se me ha acercado para aconsejarme cómo tenía que tratar al perro. Y esto en algo que es lúdico, que no tiene mayor trascendencia. Imagínate en algo con trascendencia. Una mujer con discapacidad que esté plenamente integrada, trabajando y protagonista de su vida se encuentra con muchas anécdotas”, afirma.
En Cemudis no se incluye a las madres o a las cuidadoras de personas con discapacidad como, en cambio, sí lo harán en la Fundación CERMI Mujeres. No oculta su determinación respecto al tema. Lo tienen muy claro y para explicarlo alude que “la madre de la mujer con discapacidad podrá saber mucho, pero no es a ella a quien nos dirigimos”, puntualiza. Para justificarlo, relata que se encuentran muchas veces que “la mujer con discapacidad cree que el maltrato y la violencia, no la de género, esa represión, es el peaje que tienen que pagar por su discapacidad”, que, a veces, es el cuidador o la cuidadora el que la maltrata. “Nuestra función es explicarles que hay mujeres con discapacidad que no están pagando ese peaje y que eso no forma parte de la discapacidad sino que el que tiene al lado es un o una gilipollas. Eso cuesta mucho que la mujer con discapacidad lo entienda”, defiende.
EMPODERAMIENTO Y AUTOESTIMA
Cemudis fue constituida por cinco entidades y, desde que se constituyó, se han creado otras seis asociaciones a nivel provincial y autonómico. La junta directiva de la entidad aconseja que se priorice la creación de las mismas a nivel autonómico y que, por el hecho de que tienen ya bastantes estructuras, se funcione con austeridad.
“Si nos garantizamos organizarnos a nivel autonómico, luego podremos crear entidades o grupos o buscar otra fórmula en los territorios donde haga falta”, opina. Y añade: “Aplicamos la austeridad a todo el proyecto de Cemudis, pero lo más importante es que del trabajo que realizamos están saliendo grupos, asociaciones… con gran fuerza”.
Salen a través de un programa que les ofreció ‘Luna Andalucía’, el ‘Programa de atención integral para mujeres con discapacidad’ (Paimd) y que es lo que han estado desarrollando a lo largo de estos años.
Gracias a este programa, las mujeres con discapacidad de España pueden abordar los temas más importantes que tienen que ver con ellas y que, primordialmente, van desde la autoestima hasta el empoderamiento. El objetivo de Cemudis es empoderar a las mujeres con discapacidad y, para ello, lo primero que trabajan es la autoestima de la mujer para que empiece a ver cuáles son sus problemas y reconozcan: “que valen mucho más de lo la gente y su familia les dice; que todos tenemos un potencial dentro de nosotros que podemos desarrollar o dejarlo ahí, pero que lo tenemos, y ofrecerles la posibilidad de que descubran sus puntos fuertes o cómo pueden desarrollar su personalidad. Queremos que, poco a poco, tomen las riendas de su vida a través del empoderamiento”, asegura la presidenta de la confederación.
“Esto está bien”, discierne la secretaria de Organización de Cocemfe, “si se piensa en una persona adulta que tiene discernimiento para saber lo que le conviene y elige. Si pensamos en una persona que no sabe distinguir lo que quiere de lo que no quiere, el bien del mal, que va a impulsos y como los niños pequeños que les enseñas un juguete y van donde tú quieres, pues evidentemente las medidas de protección sí que tienen que ser mucho mayores”, expone Roser Romero.
PRESUPUESTO INSUFICIENTE
Si es cierto que la mujer con discapacidad aún está a un nivel muy inferior que la mujer sin ella, esta sentencia también se demuestra a la hora de sufragar una estructura como la Confederación Estatal de Mujeres con Discapacidad o Cemudis en la que aplican la austeridad que ensalza Romero como valor, pero también como una necesidad imperiosa si se tienen en cuenta que, tras más de cuatro años de andadura, aún no pueden contratar siquiera a una persona a media jornada que les haga labores esenciales, admistrativas, tan simple como enviar correos, presentar programas a concursos para conseguir subvenciones, redactar proyectos, terminar la página web o llevar el Facebook que gestionan como community manager tres de las mujeres que conforman la junta directiva de la confederación.
Se turnan una cada semana, y cuando terminan su cometido, su compromiso de siete días se relamen internamente pensando en las dos semanas siguientes que libran porque son mujeres que están trabajando apasionadamente por la causa de la discapacidad, cuyos cargos las absorben y se ven obligadas, aunque la abnegación las pueda, a rascar tiempo del que es personal y libre. Por eso, con énfasis, reclama
“necesitamos un mínimo. Y qué mínimo que tener una persona asalariada a media jornada, 20 horas semanales y que puedas decirle que mande una carta y te la mande. No hacerla, mandarla y todo tú sola. ¡Todo es imposible!. Por retratar su falta de tiempo, y las de sus compañeras de junta directiva de Cemudis, cuenta que el otro día se presentaron a una convocatoria para conseguir 6.000 euros y que les permitían presentar el proyecto a concursar en 30 páginas. “Mandamos diez porque no teníamos más tiempo para redactar el documento y para hacer este tipo de cosas, hay que rascar de las noches de domingo. ¡Una también quiere y necesita salir al campo de vez en cuando a escuchar los pajarillos!”, se queja la incansable Romero.
“Empezamos con un presupuesto de 22.000 euros con la subvención recibida por el Ministerio de Sanidad, Políticas Sociales e Igualdad del IRPF para desarrollar el ‘Programa de actuación integral hacia mujeres con discapacidad’ y otra colaboración de Fundación ONCE de 12.000 euros. Era todo lo que teníamos. Y ahora estamos en las 102.000 euros”, descubre.
Con este presupuesto se desarrolla el citado programa, el Paimd, a través de talleres de mes y medio. Se realiza una sesión semanal para que lo que se explicó la semana anterior lo vaya trabajando durante esta e integrando los conocimientos. Se trata de 15 sesiones a razón de dos horas por semana.
AYUDA MUTUA
Uno de los temas que se tocan en estos talleres y que destaca la presidenta de Cemudis es el de la ayuda mutua porque “uno de los grandes problemas de las mujeres sin y con discapacidad es el de la soledad. Y si las mujeres con discapacidad ven que otras mujeres también tienen los mismos problemas, que los suyos no son algo tan genuinos ni tan únicos, esa consciencia crea un vínculo entre ellas. Y ese vínculo se puede estrechar un poquito más, aunque, por supuesto, la voluntad última es de ellas”, describe Roser Romero.
De ahí que resalte que una ventaja de estos talleres es la de poner los problemas y las soluciones en común y hablar con total libertad porque nadie las va a juzgar estando entre iguales. Subraya la presidenta de Cemudis que estos grupos de ayuda mutua, autoayuda o “como queramos llamarlos, refuerzan mucho a la mujer”.
Pero además de dar a conocer su realidad por ellas mismas, promover su participación, mejorar su autoestima y promover el empoderamiento mediante su habilitación para ganar poder, autoridad e influencia sobre su entorno, instituciones y sociedad, lo mejor para Roser Romero es que resulta que al final “no sólo se ayudan entre ellas sino que dan el salto creando asociaciones para ayudar a otras.
Esto es la esencia del movimiento asociativo: primero nos ayudamos nosotros, entre nosotros y luego nos abrimos a ayudar a otros que no han tenido las mismas oportunidades por los motivos que sean”, resalta la presidenta de Cemudis, que aprovecha el tema para recordar que, desde que empezaron en 2010, se han creado las entidades de mujeres con discapacidad en Galicia, Aragón, Extremadura, Valencia y Murcia.
NUEVA JUNTA DIRECTIVA
Recientemente se modifica la junta directiva de Cemudis y de ahí surge Roser Romero como su presidenta. Se modificó porque al principio, según cuenta la mandataria de la confederación, eran pocas entidades, cuatro, las que formaban la confederación y cada una tenía dos representantes, pero, a medida que han ido aumentando, esto se “desbordaba” y decidieron reestructurar ellas mismas la junta directiva.
“Y no sólo lo hemos reducido porque entendimos que así seríamos mucho más eficaz y eficiente sino que hacemos juntas de trabajo por vídeoconferencia (presenciales una o dos veces al año) y evitamos juntas de 14 personas dificilísimas de llevar y donde todo se te alarga”, aclara la presidenta de Cemudis.
Por un lado, tal y como se proponía Cemudis como objetivo, han logrado aumentar el número de entidades y hoy ya hay muy pocos lugares donde no haya una entidad de mujeres con discapacidad. “Nos queda Cantabria, Navarra –y parece que aquí están empezando a organizar una-, parte de Castilla León -donde cuesta mucho crear movimientos sociales, quizás por la dispersión o porque es un territorio bastante amplio-, tenemos una en Palencia, pero nada más…”, enumera de memoria Roser Romero.
Estas nuevas entidades “no salen de pronto”, manifiesta. Es decir, no salen inmediatamente después de organizar un taller en algún punto de la geografía española, “salen después de un año de trabajo. Y no todas son iguales. Cada una ha creado lo que ha querido”, expresa Roser Romero. Por ejemplo, cuenta la comisionada de Autonomía Personal del Cermi que en Murcia se ha creado una federación de mujeres con discapacidad física y orgánica.
“En Murcia, el resto de las discapacidades se han enfadado con Cemudis por no haberla hecho amplia, para todas las discapacidades”, explica. En Aragón, por ejemplo, se ha creado una entidad de ámbito autonómico porque Aragón tiene una población escasa y muy dispersa e intentar crear en cada provincia “resultaba mucho más complejo”.
En este sentido, está ocurriendo en algunos sitios de la geografía española, como resultado de los cursos de empoderamiento y demás actividades que se realizan desde Cemudis, grupos de mujeres como grupos de trabajo. Es decir, por voluntad de las propias mujeres se construyen entidades o grupos de diferentes tipos.
Cemudis es la cabecera del movimiento asociativo de las mujeres con discapacidad y “tenemos unos objetivos y, hoy por hoy, en función de los medios que disponemos, unos programas que ofrecemos y unas ayudas y poquito más. Cada una de las entidades que se adhieren a Cemudis acepta los objetivos y la idea de que unidos podemos llegar más allá y que la unión hace la fuerza”, asevera Roser Romero. Pero cada una de estas entidades en su territorio es autónoma e independiente. Se constituyen como quieren y trabajan en lo que quieren y hacen las actividades que les parecen bien, según la comisionada de Autonomía Personal del Cermi.
En Galicia, hace poco, hicieron una exposición de fotografía que ponía en evidencia momentos de la vida real de una mujer con discapacidad y unas jornadas de poesía. La de Asturias se ha presentado a un concurso de tortillas.
Es otra manera de enseñar, de integrarse en la sociedad, de enseñar y manifestar que la mujer con discapacidad puede estar en cualquier sitio y puede participar en cualquier actividad.
En opinión de la presidenta de Cemundis, “hay que visibilizar la vida normal de cualquier mujer con discapacidad. Esto es también una forma de reivindicar, no siempre es a través de manifiestos y actos reivindicativos sino también de integrar a la mujer con discapacidad dentro de la sociedad normal”, defiende.
Sin embargo, subraya que, en especial, también hay que “demostrar a las entidades feministas que existimos” porque “cuando el mundo de la mujer reivindica se olvida de las mujeres con discapacidad y formamos parte de ese mundo”.
Dicen, y no sin razón, que “las mujeres que saben lo mal que lo están pasando ellas tendrían que ser mucho más sensibles con aquellas que lo están pasando aún peor que ellas”. En este sentido, asegura la presidenta de Cemudis que esto es algo que no encontramos con entidades de mujeres y que incluso cuando se han encontrado en jornadas y plantean sus problemas le han preguntado con incredulidad si verdaderamente era así. “¡Es como si descubrieran la luna!”, provoca Romero.
BIPOLARIDAD: MUJERES Y DISCAPACIDAD
“Aquí se da la bipolaridad de que somos mujeres y mujeres con discapacidad. Por el tema de la discapacidad estamos en el movimiento asociativo igual que cualquiera hombre con discapacidad y, como mujeres, estamos en el movimiento de las mujeres con discapacidad”, expone Roser Romero al recordar que excepto la entidad que se ha creado en Murcia, que ha decidido que es únicamente para mujeres con discapacidad física y orgánica.
Y es que Cemudis “se dirige a todas las mujeres con discapacidad porque hay muchas discapacidades que no tienen a un sitio al que dirigirse específico con su discapacidad”, señala la presidenta de la confederación. “Y así será mientras no se cree una discapacidad específica de su patología”, asegura.
Roser Romero se queja de que a día de hoy no se hayan creado todavía todas las entidades que tanto ella como sus colegas de Cemudis desearían que existieran ya. Y destaca que todas las mujeres con discapacidad pueden apuntarse a los talleres.
Si bien es cierto que, en su opinión, si se creara una entidad específica para una mujer con una discapacidad concreta en un lugar concreto de la geografía española, “sí la derivaríamos a esa asociación o se lo aconsejaríamos porque, supuestamente, estarían más especializadas. “Pero mientras no existan, no entra dentro de nuestra filosofía el negar a ninguna mujer con discapacidad la ayuda”, promete.
“NOS FALTAN MEDIOS”
Más allá del empoderamiento y la autoestima, de su intención de activar el movimiento de las mujeres con discapacidad, Roser Romero y las otras mujeres que le acompañan en la junta directiva de Cemudis tienen muchas más ideas identificadas y que les gustaría abordar, pero, insistimos una vez más, les faltan medios.
Todo su presupuesto, explica la presidenta de la confederación, va a la contratación de las cuatro técnicas que son las que imparten los talleres. Roser Romero no puede dejar de referirse a estas enseñanzas con un optimismo contagioso: “Hemos hecho diana en cuanto al tema de los talleres y ahora queremos conseguir que se puedan realizar online para que puedan acceder las mujeres con discapacidad que están alejadas de los núcleos urbanos donde nosotras realizamos los talleres”, expresa.
De esta manera, podrán seguirlos a través de internet y una vez a la semana, a una hora determinada podrán conectarse con alguna de las técnicas de Cemudis, las trabajadoras sociales, y preguntarles lo que quieran”, dice la comisionada de Autonomía Personal del Cermi.
APOYO, SENSIBILIZACIÓN Y DEMANDAS
En los talleres están los grupos de apoyo que se crean allí y que terminan derivando, en la mayoría de los casos, en asociaciones, tal y como se ha dicho, si no en el momento de la realización de los mismos, al año siguiente.
Pero, además de esto, desde Cemudis se ofrecen charlas de sensibilización que van dirigidas a profesionales y técnicos y técnicas del mundo más cercano a la mujer con discapacidad (Sanidad, Educación…). Se trata de charlas de cuatro horas donde se da una visión de la discapacidad, de la mujer con discapacidad que rompa con mitos referentes a ellas.
A los talleres, los grupos de apoyo y la sensibilización se suma también la recogida de las demandas de las mujeres y que “es muy importante porque nos da una visión de la percepción que tiene la mujer con discapacidad frente a sus problemas, si ve posibilidades de resolverlos y qué tipo de soluciones encuentra”, atestigua Romero.
A veces, esta información les muestra que, a pesar de que las mujeres de Cemudis son mujeres con discapacidad, están muy alejadas de su realidad, ya que muchas veces no es la misma discapacidad y tampoco “estamos viviendo en una localidad rural en donde hay 28 familias y donde no puedes salir”, contextualiza la activista.
Es casi justo al final del taller cuando detectan las trabajadoras sociales que imparten los talleres si alguna de las participantes, que ya se han relajado y se comunican con las demás, está viviendo o ha vivido casos de violencia. “Desgraciadamente, nos encontramos muchos más de los que nos pensamos”, lamenta Romero.
VÍCTIMAS DE VIOLENCIA
Con los casos de violencia “hay que ser muy respetuosos y tener mucho cuidado porque si a la mujer, en general, le cuesta la denuncia y romper los vínculos con su pareja, a la mujer con discapacidad le cuesta muchísimo más. Primero porque muchas veces el maltratador es el cuidador”, informa la presidenta de Cemudis.
“Si la mujer con discapacidad sale de ese entorno en el que tiene todo garantizado, donde se siente protegida y tiene todas las cosas adaptadas, ¿dónde va?”, pregunta la también secretaria de Organización de Cocemfe.
“Eso hay que trabajarlo con mucha seriedad y mucha responsabilidad”, puntualiza Romero y es por ello que desde Cemudis intentan que esas mujeres víctimas de violencia entren en contacto con otras mujeres que, aunque no tengan discapacidad, estén en esa misma situación y acceso a recursos que sí tienen esas otras mujeres sin discapacidad: psicólogos, juristas…
En el caso en el que realmente la mujer esté dispuesta a dar el paso, le acompañan desde la confederación a hacer la denuncia o incluso a las entidades de víctimas de violencia para que, a partir de allí, ellas se ocupen del caso. Ahí Cemudis quedaría en un segundo plano y dan paso a entidades especializadas en el tema.
Lo importante es que Cemudis recoge una serie de datos que les permiten, a la hora de reivindicar, hacerlo con ellos. Y, por otro lado, apunta Romero que “también le ponemos cara a esos casos de violencia que parecen algo etéreo. Con los datos, podemos hacer peticiones. Y en algún caso, como Aragón, se pide oficialmente que los servicios que existen para víctimas de violencia se adapten. Esto se está haciendo por todo el territorio”, expone Romero.
ENCAMINANDO UN MOVIMIENTO
“El movimiento de la mujer con discapacidad está en sus albores y todo lo que venga será bienvenido, válido y podrá funcionar”. Así se postula Roser Romero cuando se le habla de la labor que está a punto de emprender la Fundación Cermi Mujeres. Ella no sólo respeta cualquier entidad que salga a favor de la mujer con discapacidad sino que anuncia que “en la medida en que podamos o nos pidan colaborar, lo haremos”. De hecho, recuerda que la presidenta de la Comisión de la Mujer del CERMI es miembro de la junta directiva de Cemudis. Habla de Marta Valencia, quien, a su vez, es la vicepresidenta de la confederación.
Dice sonriente, pero con sorna que a la junta directiva de Cemudis, a las mujeres que la componen, no se las conoce ni se las ve, que no se encuentran fotografías, porque “no nos juntamos”, explica Romero, “no tenemos tiempo”.
“¿Comprende alguien lo que es montar el programa de la confederación: actualizarlo; contratar a las técnicas; hacer el seguimiento de las mujeres que participan en los talleres; de recabar toda la información; a la vez que la marcha de las asociaciones que surgen; dar vida a la confederación; crear otros grupos de mujeres… y todo esto sin tener a alguien asalariado? ¡A veces, no sé ni cómo hacemos todo lo que hacemos!”, denuncia la presidenta de Cemudis.
“Con el CermiERMI o con la Fundación Cermi Mujeres no hay divergencia, nos complementamos. Ellos hacen su trabajo y nosotras el que creemos que es el nuestro. Y de hecho con las personas que forman parte con la Comisión de la Mujer del CERMI y de la Fundación CERMI Mujeres existe una muy buena relación”. Extraña ver que una histórica del movimiento asociativo no está metida en un foro como el de la Comisión de la Mujer del Cermi, le cuadra. Pero al respecto dice que no engaña cuando habla de que está en 17 grupos de trabajo a la vez y que “si puede liberarse de alguno”, también es humana, “lo hace”.
Pero está contenta con el camino andando con la confederación y presume incluso de que Cemudis está siendo un “caldo de cultivo muy importante del movimiento asociativo de la mujer con discapacidad”. Para mostrarlo vuelve a mencionar la nueva entidad creada en Murcia, ‘Más Mujer Murcia’, al parecer “está dando mucha vida al movimiento asociativo de mujeres con discapacidad”.
No obstante, además del crucial empoderamiento que se persigue de la mujer con discapacidad, para Cemudis es importante demostrarles a este sector de la sociedad, a las propias mujeres con discapacidad, que” existe otra vida y otra manera de poder funcionar y vivir”.
A los talleres que han desarrollado por España han asistido mujeres con todo tipo de discapacidad. Lo que no sabemos, por ahora, es si también participan mujeres de cada discapacidad en este movimiento, en el de las reivindicaciones de los derechos y libertades fundamentales de las mujeres con discapacidad.
Nos ceñimos a una discapacidad con bastante exclusión social, pero que sí podrían hablar por voz propia: las mujeres con enfermedad mental.
La presidenta de Cemudis, no sabe a ciencia cierta si hay mujeres con problemas de salud mental participando en este algo más que incipiente movimiento asociativo de las mujeres con discapacidad donde casi todo está por hacer.
Cree que efectivamente sí habrá participado alguna con esta discapacidad en esos talleres tan celebrados. Pero, haciendo un giño, remite a su compañera de lucha Carmen Riu, otra histórica del movimiento asociativo, que, según Romero, respondería que no sólo hay alguna mujer con problemas de salud mental en el movimiento asociativo de la mujer con discapacidad sino que los tienen: “¡Todas, todas sin duda!”. Y es que, lo explica así la presidenta de Cemudis, “¡hay que tener una enfermedad mental para estar en este mundo!”. Lo dice de en broma, por supuesto, faltaría más.
Y al decir este mundo “me refiero al mundo del movimiento asociativo de la mujer con discapacidad. Porque te tienes que pelear con la administración, con tus compañeros, con la sociedad… Te peleas con todo el mundo y como no te lo tomes con un poco de filosofía, te quemas en dos días”, señala Romero.
Pues sea esa la manera de pensar y ver las cosas que habrá que aplicar. Lo dice la experiencia, lo dice Roser Romero, que a fuerza de aplicar fortaleza y serenidad de ánimo, filosofía, ha trascendido vicisitudes y ha logrado elegir su camino y caminarlo por y con voluntad propia.
Lo que está claro es que a la presidenta de Cemudis le cuesta pasar por delante de la injusticia sin decir nada, encontrarse con una situación que es perjudicial para el mundo de la discapacidad y mirar para otro lado si sabe o siente que puede arreglarse. Y no es que intente salvar el mundo de la discapacidad, ni mucho menos, sino sencillamente ayudarlo en la medida que puede como deberíamos hacerlo todos. Por favor, que el ejemplo cunda.

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