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Las máquinas de caminar dan sus primeros pasos

Las máquinas de caminar dan sus primeros pasos

By In Sin categoría On 3 marzo, 2015


Un hombre camina con ayuda de un exoesqueleto.
En los últimos años los exoesqueletos mecánicos han permitido que parapléjicos y tetrapléjicos abandonen la silla de ruedas y anden erguidos.

BORJA ROBERT | MADRID

1 marzo 2015

Cuando las piernas fallan, las personas recurren a las ruedas. Una solución que a la vez libera y convierte el mundo en un laberinto lleno de obstáculos. Pero un nuevo dispositivo, a medio camino entre la prótesis y el robot, pretende levantar de la silla a quienes no pueden hacerlo por sus medios y ponerlos a caminar otra vez. Los llaman exoesqueletos. Aunque nacieron hace varias décadas, solo en los últimos años los avances tecnológicos los han hecho viables. Cada vez más empresas y grupos de investigación desarrollan versiones de estos ingenios. En España hay al menos dos que ya dan sus primeros pasos.
Prótesis para crear supersoldados

La investigación militar fijó su ojo en los exoesqueletos hace décadas. Pero como en el campo civil, la tecnología los ha hecho viables solo en los últimos años. El Mando de Operaciones Especiales de Estados Unidos puso en marcha recientemente el proyecto Talos (Tactical Assault Light Operator Suit, ‘traje ligero de asalto táctico para comandos’, en inglés) y lo presentó en 2013. Quieren crear una coraza mecánica que multiplique la fuerza, la resistencia y las capacidades de percibir el entorno de sus soldados.
Talos, que se espera que esté listo en 2026, debe ayudar a los soldados a recorrer mayores distancias en menos tiempo, a transportar cargas más pesadas, a estar más seguro frente a fuego enemigo y, también, a recibir información relevante, en tiempo real, directamente ante sus ojos.
El Ejército estadounidense ha bría invertido ya más de 500 millones de dólares en esta tecnología, y planea gastar al menos 20 más cada año hasta que su traje para supersoldados esté listo. «Estamos muy comprometidos con esta tecnología porque queremos que el último comando que perdimos sea el último que perdamos nunca, en esta guerra o en la próxima», aseguró el almirante William McRaven, exjefe del mando de Operaciones Especiales, durante la presentación de este proyecto de supersoldados.
La coraza de una avispa es un exoesqueleto. También la concha de una almeja, la armadura del cocodrilo o el caparazón de la tortuga. Estas estructuras rígidas protegen y sostienen las partes más blandas de los cuerpos que recubren. Su versión mecánica, hecha para humanos, pretende cumplir las mismas funciones: aguantarlos y mantenerlos a salvo. A personas con una lesión medular, a operarios de fábricas o a soldados, cada uno a su manera.
«Nosotros nos enfocamos en uno para niños», explica Manuel Cestari, investigador del CSIC y trabajador de Marsi Bionics, una empresa española con su prototipo de exoesqueleto. «Así que nuestro primer reto es el tamaño». Han creado una armadura de metal que se sujeta a torso, las piernas y las espalda -llena de motores y articulaciones móviles-, y que es capaz de mantener erguida a una persona y caminar con ella dentro. «Este prototipo trabajaba la estabilidad en el plano sagital, adelante y atrás», aclara el científico. Para evitar vuelcos en otras direcciones, afirma, acoplan un andador. Otros recurren a las muletas. Depende de la movilidad y la fuerza del torso y los brazos del usuario.
El pasado martes se presentó en sociedad Exolegs, un prototipo de exoesqueleto de desarrollo internacional en el que la Universidad Politécnica de Cartagena juega un papel fundamental. Se ha creado pensando en los ancianos con problemas de movilidad. Aunque el mecanismo, en un sentido básico, es el mismo, un soporte rígido y articulado permite caminar a los que ya no pueden hacerlo por su cuenta. «Queremos que sustituya al bastón o a las muletas», aseguró Carlos Alberto Díaz, que trabaja en el proyecto. Recalcó, además, que levantarse de la silla de ruedas puede tener grandes ventajas para la salud. «Intentar devolver la capacida de andar al usuario no es solo una cuestión de estética o de alcance», argumenta Cestari. «Recuperar la marcha y el movimiento de las piernas ayuda al flujo sanguíneo y a que los músculos no se atrofien». También se cree que mejora el tránsito intestinal, «aunque no hay estudios que lo prueben porque esta tecnología es muy nueva», afirma.
De momento, tanto Marsi como Exolegs son prototipos. Aún están perfeccionándose. Pero ya existe una alternativa israelí, de nombre Rewalk -en inglés ‘volver a caminar’- que ha conseguido la certificación de las autoridades estadounidenses y europeas para su comercialización de uso médico, como ayuda a la rehabilitación. «Y también para uso personal», recalca una portavoz de la compañía. «Tenemos clientes que lo usan para las dos cosas». El exoesqueleto de esta empresa cuesta en torno a los 60.000 euros y permite incluso subir y bajar escaleras. Aunque no desvelan cifras exactas, el pasado agosto aclararon que ya habían comercializado más de 80 unidades.
Según la consultora Winter Green Research, el mercado civil mundial de los exoesqueletos movería en la actualidad unos 40 millones de euros, aunque podría llegar a los 1.500 millones en 2020. En España, según explican desde el Hospital de Parapléjicos de Toledo, hay en torno a 40.000 personas con una lesión medular. Ellos también prueban exoesqueletos y sus posibilidades médicas, y participan en el desarrollo de Exolegs.
Incluso hay exoesqueletos destinados a personas sin trastorno alguno de la movilidad. Ya hay cadenas de montaje y fábricas -sobre todo de coches, en Japón y en Alemania- que han desarrollado exoesqueletos que rebajen el nivel de esfuerzo al que se someten sus operarios. Algunos, que deben agacharse cientos de veces cada día o colocarse en una postura incómoda, reciben la ayuda de un coraza externa que acompaña sus movimientos. También eso es aguantarlos, y mantenerlos a salvo.


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