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Con el amor a cuestas

Con el amor a cuestas

By In Sin categoría On 11 junio, 2015


Hunter Gandee, un joven de 15 años, lleva a su hermano pequeño durante 92 kilómetros para hacer visible la parálisis cerebral

  • Hunter y Braden Gandee, durante su marcha solidaria. :: r. c.

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Hunter quiere mucho a Braden. Desde el día que nació, ha ejercido su papel de hermano mayor. No es que descuide en atenciones a su otro hermano pequeño (Kellen, 7) o a su hermana (Kerragan, 13), pero el caso de Braden es especial. Sufre parálisis cerebral y el hermano mayor decidió siendo un mocoso que se iba a ocupar de todas sus necesidades en la medida que fuera posible. Se ha ocupado de llevarlo al colegio, de jugar con él en todo momento. Pero Hunter Gandee decidió un día que había que hacer algo más: concienciar al mundo de las necesidades de estos pequeños por culpa de la enfermedad. Así que se echó a Braden a la espalda -literalmente- y e hizo el año pasado más de 60 kilómetros.
Este año se empeñaron los dos en mejorar esa cifra. Y apostaron fuerte: un tercio más, 92 kilómetros. Así que el viernes, la Cerebral Palsy Swagger -algo así como el pavoneo de la parálisis cerebral- partió de su colegio de Labertville (Michigan, Estados Unidos). El objetivo de los dos hermanos era el centro de rehabilitación pediátrica de la Universidad de Michigan en Ann Arbor. Los Gandee estuvieron acompañados por amigos y familiares, vestidos algunos con camisetas y un lazo verde para concienciar sobre la parálisis cerebral que les jaleaban para que continuaran. Braden iba en una mochila a la espalda, similar a la que usan muchos padres con sus bebés, aunque Hunter cambiaba de vez en cuando a su hermano para llevarlo delante y que su espalda descansara un poco de los 27 kilos que pesa. Siempre con mucho cuidado y vigilado por fisioterapeutas, cada cinco kilómetros paraban para un chequeo. Y vuelta a caminar. El viaje terminó el domingo por la tarde con sorpresa.
Aunque el objetivo solo era la concienciación, al llegar al campus universitario recibieron la noticia de que su caminata tenía recompensa. Apoyada al máximo por sus padres Sam y Danielle, fue premiada con un cheque de 200.000 dólares (unos 177.000 euros) gracias a las contribuciones de vecinos y donantes anónimos. El dinero se va a destinar a mejorar las instalaciones del colegio para que niños con problemas puedan acceder a sus dependencias y para investigación. «Fue genial y Braden estaba encantado con la experiencia», señaló Hunter a la cadena ABC, que también confesó que casi abandona al final del segundo día porque «mis piernas estaban muy cansadas».
Hunter y Braden no son los únicos ciudadanos que han usado el deporte para concienciar sobre la parálisis cerebral o cualquier otra enfermedad. Dick Hoyt lleva a pruebas atléticas a su hijo Rick desde 1977. Ya con 60 años, el padre se ha llevado a su hijo a hacer un Ironman para «pasárselo bien y hacer cosas juntos». El danés Steen Mondrup también se apuntó a estas pruebas de resistencia. Completó el Ironman de Copenhague llevando por mar (3,8 kilómetros), en bicicleta (180 kilómetros) y a la carrera (una maratón) a su gemelo Peder, que nació con parálisis cerebral. En España, Josele Ferré compite con su hija María, que sufre el Síndrome de Rett, una enfermedad poco frecuente, en pruebas populares. Todo por dar visibilidad a estas terribles enfermedades e intentar conseguir, a través del esfuerzo, una sonrisa imposible de pagar con dinero.

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