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Óscar vuelve a volar impulsado por su padre tras 66 días de parón

Óscar vuelve a volar impulsado por su padre tras 66 días de parón

By In Sin categoría On 22 mayo, 2020


Juan García es el padre de un joven jerezano con parálisis cerebral. Juntos llevan participando en carreras populares y maratones desde 2016 pero el coronavirus los frenó en seco

 22 de mayo de 2020

Pasan las diez de la mañana cuando Óscar y Juan salen de su casa, en Guadalcacín, una Entidad Local Autónoma de Jerez, listos para volver a entrenar. No lo hacen desde que se decretó el confinamiento. Durante 66 largos días han estado sin hacerlo. Pero hoy vuelven a pisar el firme y a respirar aire fresco. Juan García es el padre. Para la ocasión, se enfunda una camiseta de colores chillones, amarilla y rosa, en la que se intuye su silueta y la de su hijo, en una reproducción de la foto que les tomaron cuando concluyeron la primera prueba que disputaron. Óscar viste amarillo flúor, lleva gafas de sol de espejo y va en su silla de ruedas roja, adaptada, con ruedas de bicicleta de montaña.

“Yo sé mucho de cumpleaños”, dice Óscar, que el domingo 24 de mayo cumple 22, nada más salir de casa. Y acierta sin titubear el día en que caen este año los de los presentes. Luego, sigue escuchando música en el reproductor que lleva consigo. Para abrir boca, Los Payasos de la tele, cuya melodía acompaña moviendo la cabeza. Su padre, para entonces, ya ha empezado a correr mientras empuja su silla. Lo llevan haciendo desde 2016. “En verano salíamos por las noches cuando la madre cerraba el negocio, para que se despejara un poco, y le gustaba”, cuenta Juan García. Cuando se dieron cuenta estaban compitiendo en pruebas de toda la provincia de Cádiz y de otras de Andalucía.

En lo que va de año, solo han participado en una prueba celebrada en el parque de Los Toruños, en El Puerto. En marzo tenían previsto correr la media maratón de Málaga y la Sherry Maratón, en Jerez, pero llegó el coronavirus y lo trastocó todo. Desde entonces, Óscar ha estado más de dos meses sin salir de casa, solo de forma puntual, pero en el coche. Cuando lo acompaña lavozdelsur.es es la primera que lo hace para entrenar y volver a sentir el aire en la cara. Vuelve a volar. “Óscar es casero y lo ha llevado bien”, cuenta su padre, “pero echa de menos sus amigos. Es muy activo, por la mañana va al colegio, luego al fisioterapeuta, después salimos a correr…”, relata Juan. Apenas para en todo el día. Durante el confinamiento, esa energía la ha canalizado en la piscina de su casa.

Juan y Óscar, saliendo de casa tras dos meses de confinamiento. FOTO: MANU GARCÍA

Óscar nunca ha tenido una vida fácil. A los pocos días de nacer, de forma prematura y con tan solo 800 gramos de peso, tuvo que quedarse hospitalizado aquejado de una peritonitis necrotizante que le hizo estar varios meses postrado en una cama. Luego sufrió varias paradas cardiacas y una parálisis cerebral. Volvió a su casa, pero no tardó mucho en regresar a un centro hospitalario, para ser intervenido por la retinopatía del prematuro que sufrió, una dolencia provocada por un  desarrollo anormal de los vasos sanguíneos de la retina. Pero un día, Óscar le dijo a su padre: “Si tú me das alas, yo pongo las piernas”. Con esa premisa nació Conilusion, un proyecto al que dio nombre la madre del joven, y gracias al que participa en maratones y en competiciones de todo tipo con su silla adaptada.

El primer entrenamiento de la desescalada es único. Padre e hijo lo viven con intensidad, aunque para empezar, el recorrido es más breve de lo habitual. Unos siete kilómetros para ir cogiendo la forma. “Siempre me ha gustado el deporte, y lo he practicado, como la pesca submarina o la bicicleta”, relata Juan García, “pero nunca había competido”. Fue su hijo quien lo impulsó a hacerlo.

“Lo mejor que nos ha pasado son los contactos que hemos hecho y la gente a la que hemos conocido”, expresa. Gracias al ultraman Humberto Otero, un jerezano que lleva desde 2015 realizando pruebas físicas con fines solidarios, participaron en la Ultramaratón de la vida, una prueba en la que los organizadores animan a vivir “una experiencia espiritual, con la donación de órganos como telón de fondo”. Las muestras de apoyo y cariño recibidas desde entonces son innumerables.

Todo empezó de pequeño, cuando Óscar pasaba por parques en los que veía a niños jugar y se sentía frustrado por no poder hacer lo mismo. No quería ni pasar cerca de campos de fútbol, porque mientras había niños de su edad que disfrutaban del deporte, él tenía que someterse a tediosos tratamientos y sesiones de rehabilitación. Hasta que sus padres decidieron apuntarlo a boccia, una disciplina deportiva que está adaptada a personas con discapacidades físicas graves, que se asemeja a la petanca, y que se juega con bolas blandas. “Al fin hacíamos cosas en común y con niños como él”, dice su padre.

Óscar llegó a competir en campeonatos nacionales, quedando subcampeón de España, pero tuvo que dejar el deporte por sus problemas visuales. “Llegó un momento en que le exigían mucho y decidimos dejarlo”, señala Juan, aunque sigue quedando con su antiguo compañero de fatigas, Chema Rodríguez, un jerezano que ha encadenado más de 20 años consecutivos siendo campeón de Andalucía de boccia, una disciplina deportiva que está adaptada a personas con discapacidades físicas graves.

Ahora Óscar está centrado a participar en carreras populares y maratones, con lo que disfruta tanto él como sus padres, a las que espera volver pronto De momento, ya ha vuelto a entrenar. Y a revivir la sensación de sentir el aire en la cara. A volar. Por algo se empieza.


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