Doctora del IMSS en Hermosillo es obligada a regresar a trabajar tras negarle licencia para cuidar a su hijo con discapacidad grave
By BUDY In Sin categoría On 21 junio, 2020
18.06.2020
La doctora Fabiola Sánchez Cecilio no ha vuelto a trabajar desde que inició la pandemia en Sonora. Es madre de un adolescente con discapacidad, quien depende completamente de ella y está bajo sus cuidados, por lo que solicitó un par de licencias para ausentarse desde los primeros días de la contingencia por COVID-19, pero que le fueron revocadas una tras otra por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Ángel tiene 14 años y vive con hidrocefalia y cuadriparesia espástica, uno de los tipos de parálisis cerebral más graves y que afecta las cuatro extremidades, así como el torso y la cara. No puede ver, no habla, no camina, no puede sentarse ni sostenerse por sí mismo. La doctora Fabiola, de 45 años, madre soltera y originaria de la Ciudad de México, es quien hace todo por él.
La médica con matrícula 99271460, adscrita a la Unidad Médica Familiar No. 63, en Hermosillo y activa en los servicios de salud en la capital desde 2002 explicó que tiene dos plazas: una por las tardes como médica general en la clínica del IMSS y otra en el turno matutino de Urgencias del Hospital Dr. Ignacio Chávez, del Isssteson, institución donde sí le otorgaron apoyo desde el principio.
“¿Cómo puede ser que son dos instituciones de salud y que una sí entienda y la otra esté intransigente?”, dijo la doctora, “Ángel no ve, no camina, solamente produce sonidos; lo tengo que bañar y hacerle todo, también está medicado con horarios. Normalmente lo llevaba a una guardería de niños especiales para trabajar mi turno matutino, pero, por la contingencia, está cerrada. Mi derecho, por ley, es que nos apoyen a las madres con situaciones vulnerables. Así como las personas diabéticas o hipertensas, la discapacidad también lo amerita: mi hijo tiene vulnerabilidad ante el COVID”.
Fabiola narró que en el IMSS la han requerido en dos ocasiones para que regrese a trabajar. La primera, fue el 21 de abril, cuando le revocaron la licencia que inició el 6 del mismo mes. En ese momento, tuvo que pagar a un médico suplente para que la cubriera durante tres días. La segunda licencia procedió después de eso, el 24 de abril, pero el 29 de mayo le notificaron que debía regresar a laborar a partir del 1 de junio porque había sido nuevamente revocada.
Luego de esa fecha, la doctora tuvo que pagar suplencias hasta el 12 de junio -pues como trabajadora tiene derecho a hacer convenios por hasta 10 días al mes y que, en su caso, ya se acabaron-, pero para el lunes 15 de junio ella debió regresar a trabajar: no lo hizo y pidió a su sindicato adelantar sus vacaciones previstas para el 15 de julio, petición que también le fue negada.
La doctora afirma que quien ha revocado su permiso en dos ocasiones es el director, el doctor David Gustavo Escobar Romero, persona que conoce su situación y aún así le solicita que se presente a trabajar.
“Tampoco quiere el director, yo no quiero perder mi plaza, no he querido descuidar mi trabajo ni lo he querido dejar tirado, puesto que me he pasado pagando a médicos y el director no me permitió seguir pagando ni adelantar mis vacaciones: no es la primera vez que recibo negativas de este director”, aseguró.
Durante los últimos dos años, Ángel ha vivido dos cirugías importantes -una en la cadera y otra para ajustar la válvula que tiene en el cerebro- y ha requerido que su madre esté totalmente encargada de sus cuidados y terapias, por lo que ya ha solicitado licencias antes que, igualmente, han concluido con negativas.
“Es una cuestión de falta de empatía de una persona a la cabeza de una institución que, se supone, protege la salud”, aseveró.
Mientras Fabiola se encuentra al teléfono, se escucha la voz de Ángel al fondo. “Está cantando”, ríe la madre, “no puede estar sin música: le gusta Topo Gigio, Cri-Cri y lo romántico, como Laura Pausini, todo lo meloso y tranquilito, porque lo exalta, por ejemplo, la música de banda: se estresa y se empieza a morder”.
Ángel nació en Sonora y lleva los apellidos de su madre. Fue prematuro y pesó un kilo, estuvo intubado durante un mes y cayó en paro en tres ocasiones, a partir de eso, llegaron las secuelas neurológicas, aseguró Fabiola.
“Mi hijo es un milagro, por eso se llama Ángel y siempre he dicho que está aquí para cuidarnos”, sostiene mientras le cambia el tono de voz que, al principio, era firme y ahora se le corta por las lágrimas, “quisiera no perder mi plaza, mi trabajo, el sustento familiar. No quiero exponer a mi hijo”.
La madre explicó que, si ella sale a trabajar, Ángel sería cuidado por una señora que le ha ayudado antes, porque no tienen familia en Sonora: son solo ellos dos. Sin embargo, llevarlo a una casa ajena para recibir cuidados, también implicaría ponerlo en riesgo.
“Esa familia también tiene su vida”, detalló, “entran y salen porque trabajan, nada más la señora es quien cuidaría y se haría cargo de mi hijo, pero ella tiene esposo e hijos que salen y entran y es un contexto de riesgo; aparte sacar todos los días a mi hijo es inhumano, es exponerlo”.
Pero eso es lo de menos, afirmó, ella sabe que también es riesgoso para su hijo que ella empiece a tener contacto con personas sospechosas o portadoras de COVID-19.
“Si estoy yo también en contacto con personas de riesgo y me contagio, tendré que estar en aislamiento”, concluyó, “si me voy a un hotel o me voy a una casa de cuidados para COVID, ¿y mi hijo? ¿Qué sería de él? Yo no podría cuidarlo, ¿y si lo contagio? Él no resistiría una afectación así. Estoy desesperada”.
Proyecto Puente solicitó versión de la institución respecto al caso y fuentes cercanas a la Delegación del IMSS en Sonora señalaron que está en revisión.
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