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La activista que alzó la voz en la ONU

La activista que alzó la voz en la ONU

By In Sin categoría On 25 octubre, 2020


El ejemplo de una mujer acostumbrada a luchar contra los estigmas desde niña

La activista que alzó la voz en la ONU

17/10/2020

Montserrat Vilarrasa es una mujer extraordinaria que pide cosas ordinarias: que todos los niños y niñas vayan a la escuela, que cuando crezcan puedan trabajan y vivir de su sueldo, que se erradiquen el acoso y las discriminaciones… Y que la sociedad en general y los medios de comunicación en particular tengan en cuenta que todos somos diferentes y, por lo tanto, que todos somos iguales.

–¿Qué puedes hacer, Montse?

–Cualquier cosa que hagas tú.

Es una verdad a medias porque el cronista nunca se dirigirá a una delegación del Parlamento Europeo ni de la ONU. Y ella, sí. Montserrat Vilarrasa, de 40 años, es la hija de Maria Teresa y de Jordi, la hermana de Jaume, la tía de Daniela y la novia de Carles. Eso y mil cosas más, aunque muchas personas lo reducen todo a un hecho: tiene síndrome de Down.

Pero incluso esas personas deberían saber que el síndrome de Down no es una enfermedad y no necesita medicinas como la compasión o la piedad. Tampoco virus como la indiferencia. Esta activista de la Fundació Catalana Síndrome de Down alzó la voz en el 2019 en la ONU para decir algo tan revolucionario como sencillo: “Tratadnos como a personas”.

La pandemia ha truncado sus planes para viajar a México y a Francia, donde iba a participar en foros para ahondar en lo que dijo ante las Naciones Unidas en el marco de Beijing+25 , una declaración internacional sobre los derechos de las mujeres con discapacidad.

Montserrat Vilarrasa (Llibert Teixidó)
Montserrat Vilarrasa (Llibert Teixidó)

Ella ha sido la primera persona con discapacidad intelectual que participó en un acto de esta relevancia en la ONU. Recuerda cada detalle de su estancia de tres días en Nueva York. Incluso el nombre del intérprete que traducía sus palabras del catalán al inglés, Javier. De momento no podrá viajar para rematar el trabajo, pero seguirá luchando. “Quiero que otras chicas y chicos como yo lo tengan más fácil que yo”. Casi siempre dice “chicas y chicos como yo”.

–¿Y cómo eres tú?

–Una mujer de 40 años que trabaja en una empresa y que vive de forma independiente. Una niña que fue a la guardería y luego a una escuela ordinaria, donde sufrió acoso. Mi madre lo pasó muy mal, peor que yo. Pero, incluso así y aunque también he ido a una escuela especial, creo que debemos tener la posibilidad de ir a escuelas ordinarias. El problema no es escuela ordinaria, sí o no. El problema son las actitudes, la discriminación, la falta de derechos.

La barrera

Tener un cromosoma de más puede implicar el veto en un hotel o la pérdida de un contrato de alquiler

Sabe de qué habla. “Un año fui con unos amigos como yo a un hotel de Vinaròs. Habíamos hecho la reserva sin problemas para pasar las vacaciones de Semana Santa y nos acompañaba una persona de refuerzo de la Funda”…

Montserrat Vilarrasa, que imparte conferencias en escuelas e institutos, es una devota de las abreviaturas y las siglas porque vive rodeada de organismos con nombres muy largos. La Funda es la Fundació Catalana Síndrome de Down, una entidad privada sin ánimo de lucro que busca derribar muros y estereotipos.

El fotógrafo Llibert Teixidó y Montserrat Vilarrasa (@historiasytinta)
El fotógrafo Llibert Teixidó y Montserrat Vilarrasa (@historiasytinta)

Una de las mejores herramientas de la Funda es la Asamblea (la Asamblea de Derechos Humanos Montserrat Trueta), a la que también pertenece Montse. Y luego está el consejo del IMPD, es decir, el consejo rector del Instituto Municipal de Personas con Discapacidad del Ayuntamiento de Barcelona, del que ella es vocal desde el 2016.

¿Son necesarias tantas instituciones? Por desgracia, sí. Volvamos al hotel de Vinaròs. “Cuando llegamos y nos vieron, nos dijeron que había habido un problema con las reservas y que no tenían habitaciones para nosotros. Era mentira. Hablamos con la agencia de viajes y nos buscó otro alojamiento”.

La miopía

Su realidad es rica y poliédrica, pero muchos solo ven una cosa: que tiene síndrome de Down

En otra ocasión, a sus amigos les vetaron el acceso a una discoteca de Sabadell por el simple detalle de que tienen un cromosoma de más. Esta alteración genética es irreversible. La estupidez humana no debería serlo. Para eso, para revertir visiones miopes, luchan la Funda y sus miembros. Todos están acostumbrados a trabajar duro. Montserrat Vilarrasa es un buen ejemplo.

Nuestra protagonista no se dejó amilanar ni durante el confinamiento. Vive de forma independiente en su casa. Cuando se imaginó lo que se avecinaba, se fue al piso de su madre, donde teletrabajó para su empresa, la eléctrica Respira Energía.Tiene mucha experiencia laboral. Antes formó parte del personal del Museu d’Art Contemporani de Barcelona, de un despacho de abogados, de un hotel (donde cambió las tareas administrativas por las de restauración) y de una farmacia.

Solo se quitó la mascarilla para las fotos, pero pidió que se le hiciera al menos una sin quitársela (Llibert Teixidó)
Solo se quitó la mascarilla para las fotos, pero pidió que se le hiciera al menos una sin quitársela (Llibert Teixidó)

Siempre dejó buen recuerdo. La prueba es que Mercè, su antigua jefa en la farmacia, aún la llama de vez en cuando para tomar un café, dar un paseo y charlar un rato. No todo el mundo, sin embargo, es como Mercè. El apartamento donde vive Montse no es el que eligió inicialmente…

“Mi madre y la familia de una compañera como yo que vivió un tiempo conmigo se enamoraron de otro”. Ya estaban a punto de firmar el contrato de alquiler cuando el casero descubrió quiénes iban a ser sus futuras inquilinas y dio marcha atrás. A estas cosas se refiere cuando dice que queda mucho por hacer para que quienes son como ella lo tengan más fácil.

Todos los colectivos discriminados, explican en la Funda, tienen sus referentes. “El problema de las personas con discapacidad intelectual es la falta de espejos en los que mirarse”. Por eso es tan relevante la labor que realizan personas extraordinarias como Montse cuando exigen cosas que deberían ser absolutamente ordinarias.


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